Todas las entradas de: Carlos Mantero

El tiempo vuela

Es inevitable que el tiempo pase rápido cuando nos divertimos, pero cuando hacemos cosas que nos marcan, aunque en ese instante pasen volando, dejan una huella en nuestra memoria que hace que llene nuestra vida de más experiencias.

Parece como si al hacer cosas interesantes, nuevas, creáramos más tiempo en nuestra memoria.

Cuando es al revés y vivimos una vida monótona, rutinaria, en la que nos pasamos día sí día también haciendo lo mismo, puede que el tiempo mientras la vivimos pase de forma lenta, pero cuando  intentamos recordarlo, simplemente ha dejado de existir. El tiempo vuela. Todo son recuerdos vagos y no hay nada concreto.

La rutina es útil con un fin en mente para conseguir objetivos a largo plazo, pero no hay que obsesionarse con ella y dejar tiempo para vivir” Nuevas experiencias, viajes, personas… y sobretodo, mantenerte aprendiendo constantemente.

Intenta centrarte en aprender algo nuevo cada 3, 4 o 6 meses. Puede ser un nuevo idioma, leer o especializarte sobre un tema que no conocías, aprender a cocinar o bailar, o a… yo qué sé. Dedica dos o tres horas por semana a ese nuevo algo.

Quizás no consigas que el tiempo sea más memorable, pero estoy seguro que lo hará diferente.

Huyendo de Google

No he tenido la oportunidad de leer ninguno de esos libros que hablan de la maldad de Google, pero aún así llevo tiempo pensando que pasar gran parte de mi tiempo en la red utilizando sus servicios no debe ser una buena idea.

Uso sus servicios de correo desde hace años, las estadísticas de los sitios que administro utilizan Google Analytics, YouTube es nuestra televisión moderna, Google como buscador predeterminado, Google Drive para guardar y editar muchos de mis documentos…

En fin, seguro que me olvido algo, pero me parece exagerado que una empresa controle tanto de mi.

Ayer estuve evaluando nuevas opciones de email y descarté totalmente la de utilizar mis servidores propios. Los email son inseguros por definición, pero tampoco quiero complicarme extremadamente la vida configurando y manteniendo todo. Entre muchas opciones, he llegado a una llamada Protonmail que tiene buena pinta, así que es muy probable que acabe migrando mi email a ahí.

Google Chrome dejé de utilizarlo hace un tiempo casi por obligación porque tenía errores constantes con WebGL y no me cargaba muchos vídeos. Ahora utilizo Firefox.

Sobre las estadísticas de mis sitios, aún no he buscado nada, y sobre Google como buscador predeterminado, hace unos años empecé a utilizar DuckDuckGo. Quizás sea hora de volver a él.

Cómo proceso la información

El otro día escribí de los tiempos en los que Google Reader era la panacéa. En aquella época Twitter estaba empezando a tener tracción, al igual que Facebook, aúnque aún no entre la gran massa, y ambas plataformas más que compartir enlaces, se utilizaban para mantener conversaciones y compartir estados.

La cosa cambió hace tiempo y según este artículo, utilizamos las dos redes sociales con el único fin de o compartir enlaces o de leerlos (más de un 70% son links). Vaya, que lo utilizamos como un agregador a la antigua usanza.

Como llevo meses desconectado tanto de Twitter como de Facebook (a principicios de año hice un enorme reset), básicamente no leo nada que no sean suscripciones a blogs a través de email. Así que rememorando esos viejos tiempos he empezado a utilizar Feedly.

La historia es que quiero volver a Twitter progresivamente, y lo que es más importante, volver a entender como usarlo hoy en día y maximizar su uso, pero lo que no quiero hacer es verme introducido en la carrera de la rata de la información y volver a leer todo lo que pase por mis manos.

Desde hace años estoy utilizando Pocket para “leer luego” mucho de lo que me interesa, aunque hasta ahora de forma muy ocasional. Quiero empezar a utilizarlo más y sobretodo, utilizarlo de filtro para absolutamente TODO lo que lea online.

Suele suceder, que navegando por Internet (me siento muy viejo diciendo esto), nos vemos casi obligados a leer casi todo lo que pasa por nuestra manos y parece interesante. Es lo que llaman FOMO, “Fear Of Missing Out” o síndorme de no perderse nada.

A partir de ahora, lo que haré será abrir TODO enlace que me llame la atención, echar un vistazo rápido (leer título y primeras tres líneas) y si veo que puede ser interesante, agregarlo a Pocket para leerlo en otro momento.

Lo mismo con las suscripciones que tenga por email (las iré cancelando) y con los vídeos que pueda encontrarme.

La clave es que en lugar de echar un vistazo a Pocket o Feedly todos los días, lo que haré será dedicar alguna hora a la semana a la lectura de noticias y blogs, concentrado todo en el mismo bloque de tiempo y sin la opción de procastinar más de lo estipulado.

Una vez lea algo, simplemente lo archivaré y compartiré en Twitter si me resulta interesante.

Y ¡Voilá! así procesaré de ahora en adelante la información de las redes.

En lugar de reaccionar instintivamente a cada nueva información, la filtraré conscientemente, al igual que haría con lo que como.

Rituales

Te levantas y vas al baño aún con legañas en los ojos.

Te diriges a la cocina a por un café y algo de desayunar, revisas el móvil mientras masticas, te cambias, coges tus cosas y te vas a trabajar.

Llegas a tu escritorio, enciendes el ordenador y empiezas a trabajar en lo que sea que estés acostumbrado a hacer a primera hora de la mañana…

En muchos trabajos tendrás la misma estructura indefinidamente y muy pocas veces romperás esa rutina. Y así, los días pasarán volando, uno tras otro, casi sin darte cuenta.

Digamos que hacer siempre lo mismo y de la misma forma, te permite trabajar de forma autómata. Si lo único que haces es cambiar tu tiempo por dinero y estás resignado a ello (no te enamora tu trabajo), no es del todo un desastre, porque tu tiempo pasará volando.

Pero si realmente quieres vivir, necesitas romper con esa espiral diaria y utilizarla a tu favor. Que si tienes una rutina, sea para hacer cosas que relamente te motivan o para un trabajo que te apasiona.

Si sabes como utilizarlas, tener rutinas o rituales son herramientas impresionantes, porque nos ayudan a “hacer las cosas”. Cuando automatizamos parte de nuestras vidas bajo una estructura, es cuando dejamos espacio para hacer o pensar en cosas más importantes.

El gran error es no ser consciente de ellas. No es lo mismo verse atrapado por la rutina que utilizarla a tu favor de forma intencionada.

Cuando viajas constantemente, trabajas por tu cuenta , desde casa o en definitiva, cuando no tienes la rigidez de un horario, es difícil hacer que las cosas avancen. Es especialmente en estos casos cuando tener rituales puede ayudarnos.

 

 

Sobrealimentados

Tengo tanta hambre ahora mismo que no puedo evitar escribir sobre otra cosa que no sea comer.

Llevo varias semanas comiendo bastante bien, pero ayer fue uno de esos días que llamo “día gordo”, en la que rompiendo con la regla de que la comida no es entretenimiento, durante el día gordo sí lo es.

Estos días como todo lo que quiero y más.

Durante los días previos, cuando tengo deseo de comer algo poco saludable, pienso en que me lo podré comer pronto y cuando llega el día, cumplo todos los antojos del tirón. Aunque mi cuerpo no pueda más.

Voy al supermercado y compro todo aquello que me viene en gana, dulce o salado, lo mismo da.

No he comido desde ayer a última hora de la noche, pero me sorprende que el día siguiente a estos “días gordos” tengo un hambre voraz, cuando cualquier otro día (comiendo bien) podría pasarme todo un día sin comer y no tendría esta sensación.

Cuando como bien, viendo la comida como combustible y no como ocio, cuando soy consciente de lo que me meto en la boca y pienso en cada bocado, simplemente me siento mejor. Mentalmente estoy más equilibrado y físicamente con más energia.

Cuando como bien, elimino dulces y excesos, me doy cuenta de que realmente necesitamos muy poco para funcionar. Y sobretodo, me doy cuanta que nos pasamos la mayoría de nuestra vida totalmente sobrealimentados.

Cuando solíamos leer en Google Reader

No sé si es la falta de sueño o es que realmente estoy nostálgico, pero acabo de recordar con amor esos días en los que me levantaba, abría Google Reader y pasaba las primeras horas del día o las últimas de la noche, leyendo decenas de feeds RSS.

Estaba al día de todo lo que me interesaba y no me perdía ni una noticia o post.

Poner a cero el contador era una filosofía similar a la de dejar mi cuenta de correo vacía. Y escribiendo esto, me he dado cuenta de que echo en falta esos días.

Ahora llego a la información a través de… Bueno, no utilizo activamente Twitter desde hace mucho, eliminé mi cuenta personal de Facebook… Realmente he dejado de leer noticias y blogs, y los pocos que leo son por una suscripción vía email.

Estos es así desde hace meses. Quizás es hora de volver a algo similar (Feedly).

Intentaré no cometer errores del pasado como, suscribirme a muchos blogs y leerlos como una rutina diaria (preferíría que fuera un par de veces por semana).

¡Deseádme suerte!

Reducir los tiempos muertos

Llevo varíos días utilizando una aplicación para controlar lo que hago durante el día y me he dado cuenta de la cantidad de tiempo que desperdicio, sobretodo con los tiempos muertos.

Todas esas veces que en lugar de centrarme en lo que estoy haciendo y hacerlo lo más rápido, simplemente divago, haciendo varias cosas a la vez (o ninguna) hasta finalizarlo.

Soy partidiario de que necesitamos periodos de descanso o procastinzación para relajar la mente, pero sinceramente, me da la impresión de que pierdo demasiado tiempo en cosas que realmente no me importan: Comer y hacerme la comida, moverme de un sitio a otro, echar un vistazo a mis cuentas de social media, revisar emails, etc.

Cuando me pierdo en todas esas pequeñas cosas del día a día, me acuesto teniendo la sensación de que no he hecho nada que realmente importe o haya supueso un verdadero cambio. No quiero que los días vuelvan a pasar sin más.

¿Mi solución temporal? Antes de acostarme cada día (o al levantarme), escribiré todo aquello que quiero hacer y destacaré lo realmente importante, y nada más empezar el día me pondré a ello.

Mis horas de mayor productividad son por la mañana con diferencia, así que si puedo reducir esos tiempos muertos entre “horas de trabajo” y centrárme en sólo una cosa a la vez, me daré por satisfecho.

Cómo dar flexibilidad a tus rutinas

Desde hace años tengo la suerte de tener mucha flexibilidad con mi tiempo, sin embargo esto también tiene un gran contra, si no tienes una rutina, esa flexibilidad me deja a merced de los acontecimientos.

La semana pasada, por ejemplo, estuve visitando Ribes de Freser, donde luego corrí una ultra trail durante el fin de semana, y básicamente mi foco fue ese. Esta semana, aunque tengo ganas de dedicar un buen puñado de horas a trabajar, tengo invitados en casa. Un amigo ha vuelto de EEUU después de meses allí y una amiga suya, así que esta semana mucho de mi tiempo estará centrado en pasar tiempo de calidad con ellos.

La semana que viene, sin planes a la vista, será más tranquila y sin duda podré dedicar más horas simplemente a trabajar.

En las últimas semanas he estado experimentando con mis rutinas diarias, y estoy intentando buscar pequeñas cosas que pueda hacer a diario pese a que esté viajando o tenga invitados en casa. Creo que la clave es definir que tareas son no-negociables y sí o sí vas a hacer estés donde estés y luego otras que sean 100% flexibles.

El pasado fin de semana, por ejemplo, me lo pasé corriendo y disfrutando de la compañía de un amigo y su furgo. Intenté seguir la rutina que había conseguido mantener durante toda la semana viajando en solitario, pero al hacer planes con alguien más, fallé rotundamente.

Mantener una rutina a pesar de las circunstancias es difícil, pero creo que es posible con un poco de previsión y sabiendo que vas a tener que balancear la carga de tu tiempo.

Es decir, si sabes que los próximos días va a estar complicado dedicar tiempo a X, dedícale más esta semana y ten claro qué quieres hacer. O si esta semana pensabas dedicar Y horas a determinado asunto, la semana siguiente será momento de encerrarte y centrarte en pasar más horas con eso.

Supongo que la clave está en tener claro que es difícil mantener una rutina, ser consciente y realista con el tiempo que vas  a tener disponible (espcialmente si viajas) y reconocer que si intentas equilibrar lo que haces diariamente, al final quizás no harás mucho de nada o no disfrutarás tanto como podrías haberlo hecho.

 

Sin gluten

Mi historia con el gluten data de año y medio, así que éste parece un buen momento para sacar algunas conclusiones.

No hay duda de que los productos sin gluten están de moda y que casos de deportistas como Novak Djokovic o de otros famosos, hayan hecho que ser intolerante al gluten esté más de moda que nunca.

Ahora mismo, millones de personas, sean realmente celíacas o no, se lanzan a comprar productos sin gluten o a seguir una dieta gluten-free.

Lo veo hasta en las carreras que corro. El otro día, por ejemplo, corriendo la Trail de Els Bastions, anunciaban en el briefing previo a la carrera que los avituallamientos tendrían sección sin gluten.

Parece que todo el mundo está dejando el gluten, pero la realidad es que sólo un 1% de la población es celíaco y que dos de cada tres casos no están diagnosticados.

En mi caso, dejé de comer tanto gluten a raíz de un problema digestivo de mi ex-novia. Llevaba tiempo sintiéndose mal después de las comidas pese a hacer una dieta “normal” y después de investigar un poco, decidimos empezar a hacer un test de intolerancia por descarte. En aquellos momentos vivíamos en Malta, así que aunque no recomendable, no visitamos a ningún especialista. Igualmente leímos que parecía que las pruebas de intolerancia no eran nada fiables, así que decidimos ir por el caso práctico.

Con tal de hacer más fácil esta prueba de varias semanas sin ciertos alimentos, decidí acompañarla en el camino y fue así como de un día para otro eliminamos muchos alimentos que parecían causar intolerencias y alergías.

El resultado fue que sin saber exactamente cuál de los alimentos estaba causando aquello, empecé a sentirme mejor. Más ágil y fuerte que nunca, y sobretodo con más energía a lo largo del día y en mis entrenamientos. Desde entonces he mantenido una dieta que prácticamente excluye el gluten.

Si intentas dejar de comer gluten podrás comprobar que no es una tarea fácil. Si vas al super, la mayoría de alimentos lo contienen. Sin embargo, la buena noticia, es que la mayoría de ellos son productos procesados (cómo con el azúcar refinado), por lo que la reacción a esto es acabar comiendo más productos naturales.

Dicen que uno de los principales riesgos de dejar de comer gluten es que dejamos de comer muchas fibras y vitaminas, pero la realidad es que si tu dieta está controlada, no hay nada que no puedas conseguir de otros alimentos más sanos.

No soy celíaco, ni intolerante, ni alérgico, simplemente decidí dejar de comer tanto gluten por que me obligababa a comer mejor y dejaba espacio para comer alimentos más ricos en nutrientes.

Así que con eso en mente, decir que no soy fan de los productos de marcas sin gluten. Comerme un plato de pasta o un sándwich no va a hacer que me encuentre inmediatamente mal, y si me apetece me lo comeré, pero hace  tiempo decidí que había alimentos o platos que cumplían mejor con mi nutrición diaria.

El efecto Diderot

Llevo días pensando en el efecto Diderot y qué tan real es en nuestra vida diaria.

Hasta ahora vivía sin saber que este “fenomeno social” tenía nombre y que era conocido.

El efecto Diderot se basa en dos principios muy básicos:

  1. Nos sentimos identificados con aquello que compramos.
  2. Cuando compramos algo nuevo es muy probable que entremos en una espiral de consumismo.

¿Nunca te ha pasado venir con más cosas de las que planeabas comprar? ¿O introducir un nuevo objeto en tu vida que ha hecho que necesitarás “actualizar” todo lo demás?

Compras unas zapatillas para correr, y también un gorro y unos calcetines. Compras un coche y también algunos accesorios. Cambias el sofá y pronto te empiezas a preguntar si también deberías cambiar la mesa o el color del comedor… Y así un largo etcétera.

Poseer más es algo innato en el ser humano, estamos diseñados para acumular, y por eso es tan importante ser consciente de este efecto.

La próxima vez que vaya a comprar algo, me recordaré si es realmente útil y lo necesito, y si es accesorio a lo que ya tengo (no necesito comprar nada más para “complementarlo”).