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Rituales

Te levantas y vas al baño aún con legañas en los ojos.

Te diriges a la cocina a por un café y algo de desayunar, revisas el móvil mientras masticas, te cambias, coges tus cosas y te vas a trabajar.

Llegas a tu escritorio, enciendes el ordenador y empiezas a trabajar en lo que sea que estés acostumbrado a hacer a primera hora de la mañana…

En muchos trabajos tendrás la misma estructura indefinidamente y muy pocas veces romperás esa rutina. Y así, los días pasarán volando, uno tras otro, casi sin darte cuenta.

Digamos que hacer siempre lo mismo y de la misma forma, te permite trabajar de forma autómata. Si lo único que haces es cambiar tu tiempo por dinero y estás resignado a ello (no te enamora tu trabajo), no es del todo un desastre, porque tu tiempo pasará volando.

Pero si realmente quieres vivir, necesitas romper con esa espiral diaria y utilizarla a tu favor. Que si tienes una rutina, sea para hacer cosas que relamente te motivan o para un trabajo que te apasiona.

Si sabes como utilizarlas, tener rutinas o rituales son herramientas impresionantes, porque nos ayudan a “hacer las cosas”. Cuando automatizamos parte de nuestras vidas bajo una estructura, es cuando dejamos espacio para hacer o pensar en cosas más importantes.

El gran error es no ser consciente de ellas. No es lo mismo verse atrapado por la rutina que utilizarla a tu favor de forma intencionada.

Cuando viajas constantemente, trabajas por tu cuenta , desde casa o en definitiva, cuando no tienes la rigidez de un horario, es difícil hacer que las cosas avancen. Es especialmente en estos casos cuando tener rituales puede ayudarnos.

 

 

Reducir los tiempos muertos

Llevo varíos días utilizando una aplicación para controlar lo que hago durante el día y me he dado cuenta de la cantidad de tiempo que desperdicio, sobretodo con los tiempos muertos.

Todas esas veces que en lugar de centrarme en lo que estoy haciendo y hacerlo lo más rápido, simplemente divago, haciendo varias cosas a la vez (o ninguna) hasta finalizarlo.

Soy partidiario de que necesitamos periodos de descanso o procastinzación para relajar la mente, pero sinceramente, me da la impresión de que pierdo demasiado tiempo en cosas que realmente no me importan: Comer y hacerme la comida, moverme de un sitio a otro, echar un vistazo a mis cuentas de social media, revisar emails, etc.

Cuando me pierdo en todas esas pequeñas cosas del día a día, me acuesto teniendo la sensación de que no he hecho nada que realmente importe o haya supueso un verdadero cambio. No quiero que los días vuelvan a pasar sin más.

¿Mi solución temporal? Antes de acostarme cada día (o al levantarme), escribiré todo aquello que quiero hacer y destacaré lo realmente importante, y nada más empezar el día me pondré a ello.

Mis horas de mayor productividad son por la mañana con diferencia, así que si puedo reducir esos tiempos muertos entre “horas de trabajo” y centrárme en sólo una cosa a la vez, me daré por satisfecho.

Cómo dar flexibilidad a tus rutinas

Desde hace años tengo la suerte de tener mucha flexibilidad con mi tiempo, sin embargo esto también tiene un gran contra, si no tienes una rutina, esa flexibilidad me deja a merced de los acontecimientos.

La semana pasada, por ejemplo, estuve visitando Ribes de Freser, donde luego corrí una ultra trail durante el fin de semana, y básicamente mi foco fue ese. Esta semana, aunque tengo ganas de dedicar un buen puñado de horas a trabajar, tengo invitados en casa. Un amigo ha vuelto de EEUU después de meses allí y una amiga suya, así que esta semana mucho de mi tiempo estará centrado en pasar tiempo de calidad con ellos.

La semana que viene, sin planes a la vista, será más tranquila y sin duda podré dedicar más horas simplemente a trabajar.

En las últimas semanas he estado experimentando con mis rutinas diarias, y estoy intentando buscar pequeñas cosas que pueda hacer a diario pese a que esté viajando o tenga invitados en casa. Creo que la clave es definir que tareas son no-negociables y sí o sí vas a hacer estés donde estés y luego otras que sean 100% flexibles.

El pasado fin de semana, por ejemplo, me lo pasé corriendo y disfrutando de la compañía de un amigo y su furgo. Intenté seguir la rutina que había conseguido mantener durante toda la semana viajando en solitario, pero al hacer planes con alguien más, fallé rotundamente.

Mantener una rutina a pesar de las circunstancias es difícil, pero creo que es posible con un poco de previsión y sabiendo que vas a tener que balancear la carga de tu tiempo.

Es decir, si sabes que los próximos días va a estar complicado dedicar tiempo a X, dedícale más esta semana y ten claro qué quieres hacer. O si esta semana pensabas dedicar Y horas a determinado asunto, la semana siguiente será momento de encerrarte y centrarte en pasar más horas con eso.

Supongo que la clave está en tener claro que es difícil mantener una rutina, ser consciente y realista con el tiempo que vas  a tener disponible (espcialmente si viajas) y reconocer que si intentas equilibrar lo que haces diariamente, al final quizás no harás mucho de nada o no disfrutarás tanto como podrías haberlo hecho.

 

El efecto Diderot

Llevo días pensando en el efecto Diderot y qué tan real es en nuestra vida diaria.

Hasta ahora vivía sin saber que este “fenomeno social” tenía nombre y que era conocido.

El efecto Diderot se basa en dos principios muy básicos:

  1. Nos sentimos identificados con aquello que compramos.
  2. Cuando compramos algo nuevo es muy probable que entremos en una espiral de consumismo.

¿Nunca te ha pasado venir con más cosas de las que planeabas comprar? ¿O introducir un nuevo objeto en tu vida que ha hecho que necesitarás “actualizar” todo lo demás?

Compras unas zapatillas para correr, y también un gorro y unos calcetines. Compras un coche y también algunos accesorios. Cambias el sofá y pronto te empiezas a preguntar si también deberías cambiar la mesa o el color del comedor… Y así un largo etcétera.

Poseer más es algo innato en el ser humano, estamos diseñados para acumular, y por eso es tan importante ser consciente de este efecto.

La próxima vez que vaya a comprar algo, me recordaré si es realmente útil y lo necesito, y si es accesorio a lo que ya tengo (no necesito comprar nada más para “complementarlo”).

Cómo dormir mejor en un mundo de pantallas

Aunque ahora no esté excesivamente preocupado por mis patrones de sueño o por cómo duermo, hubo una etapa en la que estuve totalmente obsesionado.

Era de los que decía que “Dormir es perder el tiempo” y hacía todo lo posible pasar lo mínimo en la cama. Sin embargo, con el paso del tiempo, llegué a la conclusión de que si no escatimaba horas de sueño era más feliz.

Además, con la cantidad de entrenamiento que llevo encima (algunos días salgo a correr mañana y tarde), está demostrado que dormir más de la cuenta produce beneficios en la recuperación.

La semana pasada, cuando estuve acampando y entrenando en el Pirineo, mi contacto con lo digital se redujo a lo mínimo.

Unas pocas horas por la tarde con el portátil, cuando me iba a trabajar a alguna cafetería, y otro poco rato con el teléfono para leer algún libro. Nada de acabar el día frente al ordenador como estoy acostumbrado.

Sin darme cuenta, en sólo unos días, acabé sintiéndome cómodo con un nuevo patrón de sueño: Me levantaba poco antes de que saliera el sol, alrededor de las 5:30 o 6, y me iba a dormir poco después de anocher, alrededor de las 10.

No me había dado cuenta de este cambio hasta que hoy he llegado a este estudio.

El estudio encontró que las personas que acampaban en las Rocky Mountains durante una semana, expuestas sólo a la luz natural y sin contacto con aparatos electrónicos, sus relojes circadianos se sincronizaban con el amanecer y la puesta de sol…

No deja de ser curioso, como las pantallas de nuestros PCs y móviles, han afectado directamente a cómo vivimos.

Una de las grandes teorías para explicar esto, es que el brillo de nuestros aparatos (luz azul), afecta directamente a nuestro patrón de sueño, haciendo que nos acostemos más tarde, durmamos peor y estemos menos alertas al día siguiente.

No voy a entrar en detalles, pero si sientes curiosidad busca “efectos luz azul” en Google y tendrás para leer durante horas.

La cuestión es que hace tiempo renuncié a la idea de leer en papel y desde entonces, tanto en los móviles como tablets que he tenido, he utilizado un programa para reducir esa luz azul en la pantalla, lo cual hace leer o usar el móvil por la noche mucho más cómodo.

Ahora mismo estoy utilizando un programa llamado filtxr (Android) y desde ayer mismo, un programa para el PC que había utilizado años atrás, f.lux.

Después de utilizarlo ayer durante varias horas por la noche (y desactivarlo) para comprobar el cambio, sólo puedo hacer que preguntarme cómo había pasado tantas horas sin él.

No puedo asegurarte que realmente mejore lo que dice mejorar (sueño, reducción de luz azul, etc), pero lo que si puedo decirte es que resulta mucho más cómodo para la vista.

Aquí tienes una serie de investigaciones que respaldan el uso de este programa.

Por qué escribo un diario personal

Desde adolescente me ha atraído la idea de tener un diario personal en el que escribir todo aquello que me sucedía a lo largo del día. Me gustaba la idea de guardar todo mi viaje en la vida para así “poder recordarlo” después.

¿Pero sabes qué? Muy pocas veces vuelvo a leer lo que escribo.

Quizás debería imprimirlas todas (al final de cada trimestre o año), hacerme un buen café o coger una botella de vino, leerlas del tirón y luego quemarlas en un acto simbólico de renovación, como si de un ritual se tratase.

Al principio intentaba escribir cada día, pero cuando me di cuenta de que fallaba constantemente y me frustraba por mantener el hábito, me di la “flexibilidad” de escribir cuando realmente me apeteciera, lo que me llevó a tener temporadas totalmente en blanco.

Sin embargo, durante los últimos meses he vuelto a coger el hábito y ahora fallo muy pocos días. De hecho, es una de las primeras cosas que hago nada más levantarme.

Me levanto, desayuno, escribo mi diario personal y luego escribo aquí o en el blog de Endurance & Freedom. Algunas veces salgo a correr nada más levantarme, pero he cogido la manía de volcar toda mi mente nada más empezar mi día.

¿Y por qué escribo un diario personal?

Al principio pensaba que era porque no quería olvidar, para recordar todo lo sucedido, en una especie de memorias. Si algún día moría, quería tener un legado que dejar. Pero la verdad, es que hay cosas tan personales y aburridas, que me daría cierto reparo en que nadie más las leyera.

Con el tiempo me he dado cuenta de que su principal función y utilidad es, tomar conciencia de cómo aprovecho cada día (y si los malgasto) y de volcar todas aquellas nimiedades, problemas e inseguridades que uno tiene antes de hacer nada más en las próximas horas. Digamos que hacerlo, me deja mucho más tranquilo y despejado para hacer todo lo demás.

Al escribirlo, me doy cuenta cuenta de cómo me siento y de si estoy haciendo lo que quiero o voy en la dirección que me gustaría.

Y cuando no lo escribo, la única razón para hacerlo es porque no he tenido tiempo (no me salto más de uno o dos días) o porque me averguenza como estoy desperdiciando mis días.

Si por alguna razón paso sin escribir una serie de días, sé que algo mal pasa en mi y los remordimientos me hacen volver a escribir una líneas, sincerándome conmigo mismo y ayudando a reparar la situación.

Puede sonar difícil, pesado, pero si de verdad quieres aprovechar tus días, tu vida, escribe lo que sucede en ella.

Probablemente te des cuenta de cosas como: Nos preocupamos demasiado y perdemos demasiado el tiempo. Un diario personal es una buena manera para solucionarlo.

Pasión por crear, problemas para finalizar

Si algo me ha caracterizado desde crío es la desenfrenada pasión que tengo por crear.

He desarrollado vídeojuegos, escrito libros, dibujado animes, organizado clanes de juegos online, construido cabañas, circuitos de coches RC y, de algo más adulto, proyectos y empresas online de todos los colores.

Cuando más feliz estoy, es cuando tengo algo entre manos y puedo sentir que estoy “construyendo”. Sentir que puedo crear algo de cero, iniciarlo desde los cimientos y darle forma, me da una satisfacción tremenda.

Sin embargo, lo que no se me ha dado tan bien todos estos años, es finalizarlos conscientemente. Es decir, llevarlos hasta el final  (con más o menos éxito) o tomar la decisión consciente de no continuar con ellos.

Hasta ahora, la cosa siempre ha ido así:

Empezaba algo, y al cabo de unos meses, cuando la idea perdía frescura, si la cosa no iba muy bien, esa motivación inicial desaparecía. Y con ello, ese momentum de “vamos a hacer cosas”.

Mi fuerza dedicada perdía inercia, muriendo lentamente hasta que el fracaso era obvio y casi definitivo, y finalmente era sustituido por uno nuevo.

Digamos que no se me daba bien decir “hasta aquí hemos llegado”. O tenía éxito rotundo o la cosa moría despacio con la consecuente perdida de tiempo.

Cesar algo por decisión propia, supone reconocer los errores y es algo doloroso pero indispensable para tener éxito.

Puedes valorar objetivamente que ha pasado, estudiar los errores, aprender de ellos, y sobretodo, ahorrar mucho tiempo.

No quiero perder más tiempo en el futuro.

Quiero que el tiempo que dedique de verdad cree valor, aprovecharlo, y no donalo a proyectos destinados a morir.

“Go Hard or Go Home” dicen ¿no?

Crea una hoja de ruta

Bien, pues para solucionarlo, he decidido crear una plantilla con una serie de preguntas. Un plan de acción o roadmap que me permita evaluar en qué situación estoy y que de una caducidad a aquello que quiero crear o cambiar. Si no está finalizando antes de X o no ha tenido Y éxito antes de tal fecha, saltar directamente a lo nuevo sin dejarlo morir agónicamente.

Si te pasa como a mi, te animo a que lo hagas también. Pon una fecha y dedica todos tus esfuerzos a ello. Puede ser crear una empresa, escribir un libro, pintar un cuadro, estudiar algo o cambiar algo de ti. Pon una fecha cercana, algo que te haga evaluarlo muy de cerca, como un mes o menos y luego otra a medio largo plazo, algo antre 3 y 6 meses por ejemplo, y finalmente una de uno o dos años vista como “idea general”.

Pregúntate porqué lo haces, cuál es el reto (algo medible), que debes hacer para lograrlo y que pasará si no lo consigues.

Escribe en una hoja

Confia en tu palabra

Ayer salí de fiesta y cuando me he levantado hace un rato, no me sentía especialmente feliz.

Uno podría decir que es por el alcohol o que la noche no fue bien, pero nada de eso. Bebí, sí, pero no tengo resaca en absoluto, y la noche fue una de esas grandes noches. Bailamos, reímos y hablamos hasta que practicamente amanecia.

¿Por que entonces no estoy contento? ¿Por qué tengo ese sentimiento de culpa?

Por que me fallé a mi mismo.

Salí de casa con la única intención de cenar mientras veíamos la final de la Champions League y no quería salir de fiesta ni beber alcohol.

De hecho, durante la cena, cuando cualquer otro día hubieran caido dos o tres medianas, ayer me limité a un simple botellín de agua. Pero cuando llegó la hora de la verdad y algunos dijeron de tomar “algo”, simplemente no cumplí mi propia palabra y no me fui a casa.

Me fallé a mi mismo y no hay nada más frustante que no cumplir con tu propia palabra.

¿Cómo te sientes cuando un amigo te dice que va a hacer algo y luego no lo cumple? ¿Verdad que no te gustaría ser uno de esos? Pues primero cumple contigo mismo y desarrolla tu propia confianza.

Cree en tu palabra y haz todo lo que digas que vas a hacer.

¿Cómo desarrollar tu propia confianza?

Primero, sé sincero contigo mismo. ¿Eres actualmente alguien en el que puedas confiar? Cuando dices que vas a hacer algo ¿realmente lo haces? Si te dices a ti mismo que vas a ir al gym tres veces por semana, ¿lo cumples?

La mayoría de la gente está en algún punto intermedio. Algunas veces cumple con lo que dice y otras veces no. Pero nosotros no queremos ser de esos ¿verdad?

Eso se va a acabar hoy. Debes decidir que no ser de fiar, incluso a ti mismo, es completamente inaceptable. Eso es debilidad.

Hoy mismo, ponte una meta. Di que vas a cumplir con algo cada día durante los próximos 90 días y cúmplelo.

Cuando cada día lo cumplas, sabrás que estás haciendo algo de valor y que estás cumpliendo tu palabra. Serás alguien del que fiarse y este ejercicio, diariamente, reforzará esa idea.

A partir de hoy, pensarás más las cosas y no dirás que vas a hacerlas al menos que haya un 99% de probabilidades de cumplirlas.

Cumple con algo pequeño cada día y dentro de semanas, meses y años, podrás proponerte cosas aún más significativas. Algunas veces fallarás, pero está bien si eres sincero y realmente lo intentáste.

Nota: Todo esto se dirige a ti y a mi a la misma vez.

El mayor indicador de éxito

Después de pasar varias semanas corriendo y trabajando por Canarias, uno de mis mejores amigos me comentaba la cantidad de cosas que quería hacer cuando llegaramos de nuevo a la península.

Tenemos la desgracia de ver el futuro siempre como una versión idilica o mejor del presente y de sobretodo, planear a largo plazo con cosas como “Cuando consiga aquello, haré esto otro”, “A final de semana empezaré tal cosa”, “El lunes”, “Cuando tenga suficiente dinero”, “Cuando deje el trabajo y tenga más tiempo…”.

Y es verdad que quizás ahora no sea el mejor momento para empezar con todas esas cosas, pero sí debería serlo para las cosas que realmente te importan.

El mayor indicador de éxito para cualquiera de tus hábitos, es cómo de rápido te pones con él.

Si alguien me dice que en unos días hará tal o cual cosa, como apuntarse al gimnasio, a clases de salsa, a estudiar inglés o a… lo que sea, lo más probable es que no lo acabe haciendo. Si en cambio, se pone lo más inmediatamente posible a ello, entonces sus probabilidades aumentan drásticamente.

Lo tengo comprobado.

El mejor momento para hacer aquello que quieres es AHORA, y si no lo haces ahor,a o muy pronto, es porque quizás no lo quieres lo suficiente.

Cuando hagas algo, vuélcate con ello al 100% y ya.

Cómo persistir con tu dieta en público

Me gusta experimentar con mi dieta y esto me ha llevado múltiples veces a poner en práctica ideas que van un poco en contra de lo normalmente establacido.

Estoy hablando de cosas como no comer gluten, evitar el alcohol durante una temporada o la carne y el pescado.

Actualmente ni soy vegetariano, ni celiaco, ni abstemio, pero si he intentado reducir su consumo al máximo y en algunas ocasiones me he visto diciéndome “No como esto o lo otro”.

Cuando pronuncias esas palabras, la primera reacción de la mayoría es de sorpresa. Luego sienten curiosidad y finalmente (no todos) te intentan convencer de lo contrario, pero parece como si a la gente le gustara ir contra la gente que decide tomar decisiones diferente a las habituales y convencerles de lo contrario.

He discutido y argumentado mucho en situaciones del estilo y al final creo haber llegado a la conclusión de que la mejor respuesta cuando te ofrecen algo que no comes o haces, es decir “No me apetece” en lugar de “No como tal o cual cosa”.

Diciendo esto se ahorra mucha energía, aunque es verdad que si quieres amenizar la comida siempre puedes decir algo al respecto.