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El mayor indicador de éxito

Después de pasar varias semanas corriendo y trabajando por Canarias, uno de mis mejores amigos me comentaba la cantidad de cosas que quería hacer cuando llegaramos de nuevo a la península.

Tenemos la desgracia de ver el futuro siempre como una versión idilica o mejor del presente y de sobretodo, planear a largo plazo con cosas como “Cuando consiga aquello, haré esto otro”, “A final de semana empezaré tal cosa”, “El lunes”, “Cuando tenga suficiente dinero”, “Cuando deje el trabajo y tenga más tiempo…”.

Y es verdad que quizás ahora no sea el mejor momento para empezar con todas esas cosas, pero sí debería serlo para las cosas que realmente te importan.

El mayor indicador de éxito para cualquiera de tus hábitos, es cómo de rápido te pones con él.

Si alguien me dice que en unos días hará tal o cual cosa, como apuntarse al gimnasio, a clases de salsa, a estudiar inglés o a… lo que sea, lo más probable es que no lo acabe haciendo. Si en cambio, se pone lo más inmediatamente posible a ello, entonces sus probabilidades aumentan drásticamente.

Lo tengo comprobado.

El mejor momento para hacer aquello que quieres es AHORA, y si no lo haces ahor,a o muy pronto, es porque quizás no lo quieres lo suficiente.

Cuando hagas algo, vuélcate con ello al 100% y ya.

Cómo persistir con tu dieta en público

Me gusta experimentar con mi dieta y esto me ha llevado múltiples veces a poner en práctica ideas que van un poco en contra de lo normalmente establacido.

Estoy hablando de cosas como no comer gluten, evitar el alcohol durante una temporada o la carne y el pescado.

Actualmente ni soy vegetariano, ni celiaco, ni abstemio, pero si he intentado reducir su consumo al máximo y en algunas ocasiones me he visto diciéndome “No como esto o lo otro”.

Cuando pronuncias esas palabras, la primera reacción de la mayoría es de sorpresa. Luego sienten curiosidad y finalmente (no todos) te intentan convencer de lo contrario, pero parece como si a la gente le gustara ir contra la gente que decide tomar decisiones diferente a las habituales y convencerles de lo contrario.

He discutido y argumentado mucho en situaciones del estilo y al final creo haber llegado a la conclusión de que la mejor respuesta cuando te ofrecen algo que no comes o haces, es decir “No me apetece” en lugar de “No como tal o cual cosa”.

Diciendo esto se ahorra mucha energía, aunque es verdad que si quieres amenizar la comida siempre puedes decir algo al respecto.

Prioridades

Si alguien te pudiera observar las 24 horas, durante días… semanas… ¿Tendría claras cuales son tus prioridades? ¿Qué es lo que más te importa? ¿Cuáles son tus objetivos?

Pregúntate si lo que haces ahora, cada día, refleja en su esencia lo que buscas en tu vida.

Si cada una de las cosas que haces durante cada uno de tus días, te llevan a la vida que quieres vivir o los objetivos que te gustaría vivir… ¡Felicidades! Si no, haz todo lo posible por cambiarlo.

Reflexiona e imagínate a ti mismo desde fuera, observándote…

Y evalúa.

De tanto en tanto me gusta hacerlo. Es una bonita y simple manera de observar si realmente estás haciendo lo que realmente quiero, de ver si estoy en sintonia con mis prioridades. Y en caso de no estarlo, ser consciente de que hay que cambiar algo.

Excusas

Esta noche no he podido pegar ojo y como mucho debo haber dormido dos o tres horas, cuando de media no soy un ser humano feliz sin mis ocho o nueve.

He abierto el editor para empezar a escribir el post de hoy y… tenía mucho sueño. Lo sigo teniendo. Y no me apetecía nada escribir, pero aún así me he puesto a ello…

Haciendo un repaso semanal a mis tareas, he visto un proyecto que llevo queriendo avanzar durante días y aún así, no he trabajado nada en él. Cada día de esta última semana me he dicho “Hoy haré hueco para trabajar dos o tres horas en esto”, pero ha llegado el final de la semana y ni lo he tocado.

¿La razón? Excusas.

Las mismas excusas que me iban a alejar de escribir aquí hoy. Las mismas excusas que nos ponemos cada día cuando algo se complica o las condiciones no son ideales.

No he avanzado nada porque había cosas que parecían más urgentes e importantes, y ayer concretamente, la gota que colmó el vaso, porque “estaba cansado”.

Una de dos, o lo que tengo que hacer no es lo suficiente importante, o simplemente no lo quiero lo suficiente.

El mejor momento para hacerlo es ahora, mientras pueda, y no en un futuro imaginario donde trabajar sea mucho más fácil.

La lección aquí debería ser que debemos ser más escépticos con las excusas que nos damos. La próxima vez que me diga alguna de estas, me lo preguntaré directamente: “Me siento cansado ¿Pero realmente estoy tan cansado como para no hacerlo?”

Por qué fallamos en mantener hábitos

Han pasado como dos minutos hasta que finalmente he decidido sobre qué iba a escribir hoy. No tenía un tema en mente, ¡tenía tres! Supongo que por eso me ha costado tanto, porque tenía que elegir.

Parálisis por análisis.

Iba a escribir acerca de la sensación de libertad y autosuficiencia, también sobre algo muy similar llamado la filosofía Fuck You (visto en una película) y sobre lo que voy a hablar a continuación, por qué fallamos en mantener muchos de nuestros hábitos.

¿Quieres saber por qué?

Fallamos en mantener hábitos por qué intentamos conseguir o hacer demasiado, demasiado pronto.

La gente se centra en el objetivo final (uno de los mejores resultados) en lugar de poner un objetivo mucho más realista e intentar ir haciéndolo más difícil.

Cuando nos ponemos hábitos o objetivos más pequeños, no sólo lo hace más real y alcanzable, si no que nos permite ir celebrando esos pequeños pasos y reforzar nuestra confianza. Es más fácil dar pequeños pasos que dar una enorme y dolorosa zancada.

Hablando de pasos y zancadas, me recuerda a la manera que tengo de subir montañas cuando corro.

Si sé que la pendiente va a ser muy larga, reduzco mi velocidad y zancada. Hago los pasos más cortos para gastar el mínimo de energía y asegurarme de llegar al final con fuerza. Mientras que si la subida es más corta, alargo la zancada y mantengo la velocidad para quitármela lo antes posible, porque sé que va a ser cosa de poco tiempo.

Haz lo mismo con lo que te propongas.

Posdata: Hay otra razón por la que no cumplimos con lo que nos proponemos, y es que no somos lo suficientemente flexibles, somos más de todo o nada.

Estar totalmente presente

Ayer empecé a releer un libro que me afectó muy positivamente en su momento. Como 7 años atrás, tuve unos meses realmente jodidos en los que no me sentía bien conmigo mismo y tenía demasiados problemas a mi alrededor. Parecía que nada funcionaba y que no valía para nada. Me notaba vacío, como si todo lo que yo fuera hasta entonces no fuera más que un fraude.

Ahora, con todo atrás, a veces recuerdo esa etapa con melancólia. Me gustaba lo que estaba haciendo en esa etapa de mi vida, aunque en ese momento no tenía la motivación. Me gustaba donde vivía, aunque en ese momento no lo apreciaba lo suficiente…

Recuerdo esa parte de mi vida como una etapa dura pero que me ayudó a aprender muchas cosas. Todo era nuevo y suponía un desafío, y ahora no puedo decir que no a eso. Sé lo que mucho que se aprende cuando todo es nuevo y busco vivir más etapas así. Definen lo que somos hoy de alguna manera.

Pues bien, este libro que empecé a releer, me ayudó mucho. Me hizo alejarme de todo eso que pensaba que eran problemas y abrazar lo que actualmente sentía, era y tenía. Nada más que eso. Nada de recordar el pasado, ni nada de preocuparse por el futuro. Me enseñó a estar totalmente presente y a valorar que necesitamos muy poco para ser felices.

Desde entonces, ha pasado de todo en mi vida y siempre he tenido más o menos presente algunas de las cosas que leí en ese libro, sin embargo, todo tiende a difuminarse y olvidarse y volvemos a caer en la misma trampa que entonces, en la rutina del día a día y de la corriente de la sociedad, que nos arrastra a un ritmo frenético.

Ahora estoy en una etapa en la que me siento muy feliz, con lo que hago, con los que tengo a mi alrededor, con mi salud, con todo, pero lo más importante de todo es que teniendo lo que tuviera, debería estar contento por ello. Si eres plenamente consciente y estas presente en lo que importa, en el ahora, es difícil que no tengas mil cosas por las que estar agradecido.

Ayer, leí algunas páginas de ese libro y cuando me he levantado esta mañana, eso ha sido lo primero en lo que he pensado. O mejor dicho, he sentido y luego he pensado. Estaba relajado, en paz y feliz. Estaba presente. Me he sonreído al espejo y he empezado mi día. Y ahora… bueno, ahora estoy escribiendo esto.

Todo o nada

El otro día me vi un poco reflejado en el personaje de una película. Era un tipo que lo veía todo en términos de todo o nada, de victoria absoluta o muerte.

Yo quizás no soy tan extremista, pero cuando hago algo, me gusta dedicarle todo mi ser y toda mi energia. No concibo la idea (o concebía) la idea de hacer algo sin pretender dedicar todo mi tiempo o sólo una parte de él.

Voy a poner un ejemplo muy sencillo.

Hace muchísimo tiempo que me gustaría mejorar mi Inglés, y viendo mis listas de tareas de hace meses (incluso años atrás), he visto que siempre he intentado hacerlo de forma que estudiara cada día. Es decir, me ponía el objetivo de estudiar cada día y después de un tiempo, si me saltaba un día, lo dejaba porque ya había fallado el reto o roto la cadena.

Sin embargo, un sistema más realista o comprensible sería:

1. Uno, o que me valiera mejorar un poco y estudiar, no sé, primero dos o tres días por semana, en lugar de intentar hacerlo de golpe.

2. O dos, si me propusiera el reto de estudiar a diario, no ver el no haber cumplido un día como la excusa para dejar de hacerlo.

Creo que es mucho más fácil vivir y conseguir lo que uno se propone, siendo ligeramente flexible con estas cosas, que intentarlo a base de todo o nada y no conseguirlo nunca.

Tenemos que crear rutinas, pero todos los hábitos tienen excepciones.

La comida no es entretenimiento

Tiempo atrás leí en algún sitio unas palabras que resuenan en mi cabeza desde entonces:

La comida no es entretenimiento

La triste noticia es que pese a que estoy de acuerdo, para mi la comida lo sigue siendo.

Asocio comer con ocio y disfrute, y tengo toda una serie de hábitos que probablemente comparta con mucha más gente, como comer mientras estoy haciendo algo. Comer frente al televisor, por ejemplo.

Parece como si, comer en silencio o con alguien más, sin mirar el móvil un centenar de veces, fuera aburrido. El cine tampoco sería mismo si no fuera por las palomitas que como mientras veo la película.

Y no sólo utilizamos la comida como entretenimiento, si no que la utilizamos también como una experiencia emocional. Como cuando estoy contento, como cuando me estreso y como cuando estoy triste.

Si es cierto, que con el tema de correr, soy mucho más consciente de lo que como de lo que lo era años atrás. No sigo una dieta estricta, pero muchos días sí consigo comer bastante limpio, pero aún así, me enfada tener este dilema con la comida.

Comemos por hábito más que por necesidad, y utilizamos la comida como entretenimiento en lugar de lo que realmente es, combustible.

La comida es sólo combustible. Así de simple.

Y escribo esto porque quiero cambiar radicalmente y dejar que continue siendo una de esas cosas que hago parcialmente bien.

Quiero comer realmente bien y creo que las tres claves esenciales para lograrlo son:

1. Evitar las comidas procesadas. Eso significa cocinarte todas tus comidas con productos naturales e intentar pasar de comidas preparadas.

2. Evitar los azúcares refinados. Muy en sintonia con la primera, evitar la bollería industrial y el azúcar a la hora de preparar tus comidas.

3. Reducir la cantidad de carne y gluten, y comer muchísima más verdura. En mi caso, sigo una dieta prácticamente ovovegetariana desde hace más de un año y también he reducido la cantidad de gluten de todas mis comidas.

El primer y segundo punto me parecen vitales, y el tercero es algo más personal, pero que básicamente se traduce en utilizar la verdura como alimento principal en todos nuestros platos.

El camino para lograrlo es difícil, porque supone romper con muchos hábitos y cambiar radicalmente la forma en la que comemos y que chocará con la de la mayoría de la gente que nos rodea. Supone cocinar de manera diferente y supone decir NO a muchas de las cosas que antes comíamos…

A partir de ahora, antes de comer o beber, recuérdate estas palabras:

La comida no es entretenimiento, es combustible.

Buscando foco

Llevo un par de días anotando en una pequeña libreta lo que hago y cuánto tiempo tardo en hacerlo. Me pareció una grandísima idea para saber dónde se va todo mi tiempo y sobretodo, para ser consciente de ello y mantenerme centrado.

Probablemente como muchos, quizás tú, tengo esa extraña impresión de que estoy en muchos frentes a la vez y que no avanzo todo lo que podría. Cuando acaban los días, siento que he estado corriendo a medio gas y que no he hecho ni la mitad de lo que me gustaría. No me siento satisfecho. La misma sensación que tengo cuando en alguna carrera, no lo doy todo antes de llegar a meta.

Quiero aprovechar más mi tiempo y la mejor forma que se me ocurre para lograrlo es eliminando todas las distracciones posibles. Parte de la rabia que le tengo al móvil viene precisamente por eso, porque me parece una distracción constante.

En mi caso, unna situación normal sería estar escribiendo estas líneas y después de sólo 5 minutos, por alguna razón, recordar algo “que no puede esperar” e ir a consultarlo a Google. O cojer el móvil para saber si vete tu a saber quién ha dicho algo. O revisar el correo. O entrar en Facebook para ver si tengo alguna notificación o… Y esto sin importar si estoy trabajando, viendo la tele, hablando con amigos, comiendo, etc.

No creo que me equivoque si digo que te sientes un poco identificado.

Después de sólo dos días escribiendo las tareas en la libreta, me he dado cuenta de que debo acostumbrarme a escribir los tiempos y recordárme constantemente que debo centrarme cuando hago algo. Lo que viene siendo no procastinar ni un minuto y prestar atención plena a lo que estoy haciendo. Puede que eso signifique prestarte plena atención la próxima vez que hablemos o saborear plenamente mi próxima comida. Foco.

Para hacerlo más fácil, y teniendo en cuenta que la mayoría de mi día y mi trabajo es frente al ordenador, me he puesto a buscar una aplicación que me permita apuntar o contar los minutos que paso haciendo una tarea. De entre todas las que he visto, he encontrado una llamada Toggle. Además, para hacerlo mucho más detallado, he vuelto a instalar una aplicación llamada RescueTime que monotoriza absolutamente todas las aplicaciones o webs que abres en tu PC. Ya la había utilizado antes y cuando me he identificado decía: “You haven’t logged any time in the past 514 days”.

Hace tiempo que no me preocupaba de verdad por mi tiempo. Simplemente vivía. Que ¡ojo!, no es malo, pero hay una gran diferencia entre vivir y hacerlo intensamente.

Puede que teniendo más cuidado de nuestro tiempo, procastinando menos, centrándonos más, podamos aprovecharlo al máximo (hacer más en menos tiempo), pero realmente lo que busco con esto no es eso, sino saborear más todo y sentir que hago todo a medias.

Iré contando qué tal va mi aventura con estas dos aplicaciones que he mencionado.

Renovar

Hace semanas perdí el móvil mientras corría por la montaña. Llegué a casa y no estaba en mi bolsillo. En aquel momento sentí una especie de liberación. Era una extraña sensación de miedo, vacíoo… pero también de libertad. ¿No era acaso lo que estaba buscando?

Durante mucho tiempo había fantaseado con la idea de vivir sin móvil en un mundo en el que todos estamos conectados mediante uno. Perderlo era la excusa perfecta. Mucho mejor que dar explicaciones de porqué había decidido dejar de usarlo.

“-¿No tienes móvil? -No, lo perdí hace unos días y no he vuelto a comprarme uno.”

No tenía que hacer absolutamente nada, ¡porque ya lo había perdido! Así que durante varios días continué sin él, y la verdad, estaba muy feliz. No había ningún tipo de distracción. Sin embargo, sólo después de prescindir de él, me di cuenta de algo que no había entendido hasta entonces: Estaba desconectado de la gente que me importa.

Hay realidades que toca aceptar aunque intentes resistirte a ellas.

Durante días intenté utilizar Facebook Messenger para hablar desde el ordenador, pero en mi caso, la gente con la que me relaciono es la que acaba definiendo qué herramienta utilizar, y sin duda alguna, está ahora es WhatsApp.

Podría prescindir de una estupenda cámara, de ver vídeos o navegar, de cualquier otra aplicación, incluso de las llamadas, de todas formas nunca cojo el móvil,  pero no de la mensajería instantánea.

Pues bien, pasaron las semanas y finalmente decidí comprarme uno. Me autoconvencí diciéndome que necesitaba todo eso que me había dicho que no necesitaba. Pero cuando estaba apunto de comprarlo, un precioso trasto de ochocientos euros, tuve otro momento de lucidez y me dije: “¿Realmente necesito uno nuevo?”

Así que me hice con un viejo LG que tenía mi padre.

No te mentiré si te digo que desde entonces me he visto tentado en mil ocasiones a comprarme uno, un smartphone en condiciones, como decía, con una pantalla enorme y bonita en la que ver todos los vídeos que quiera, una estupenda cámara de fotos con la que fotografiar todo lo que vea, un procesador mejor…

¿Pero para qué? ¿Realmente necesitamos todo eso? ¿Necesitamos constantemente renovar todo  lo que tenemos?

Tendemos a olvidar la utilidad real de las cosas.

Hace tiempo decidí que prefería invertir dinero en experiencias que en cosas, así que por ahora continuaré con este viejo móvil.