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Por qué fallamos en mantener hábitos

Han pasado como dos minutos hasta que finalmente he decidido sobre qué iba a escribir hoy. No tenía un tema en mente, ¡tenía tres! Supongo que por eso me ha costado tanto, porque tenía que elegir.

Parálisis por análisis.

Iba a escribir acerca de la sensación de libertad y autosuficiencia, también sobre algo muy similar llamado la filosofía Fuck You (visto en una película) y sobre lo que voy a hablar a continuación, por qué fallamos en mantener muchos de nuestros hábitos.

¿Quieres saber por qué?

Fallamos en mantener hábitos por qué intentamos conseguir o hacer demasiado, demasiado pronto.

La gente se centra en el objetivo final (uno de los mejores resultados) en lugar de poner un objetivo mucho más realista e intentar ir haciéndolo más difícil.

Cuando nos ponemos hábitos o objetivos más pequeños, no sólo lo hace más real y alcanzable, si no que nos permite ir celebrando esos pequeños pasos y reforzar nuestra confianza. Es más fácil dar pequeños pasos que dar una enorme y dolorosa zancada.

Hablando de pasos y zancadas, me recuerda a la manera que tengo de subir montañas cuando corro.

Si sé que la pendiente va a ser muy larga, reduzco mi velocidad y zancada. Hago los pasos más cortos para gastar el mínimo de energía y asegurarme de llegar al final con fuerza. Mientras que si la subida es más corta, alargo la zancada y mantengo la velocidad para quitármela lo antes posible, porque sé que va a ser cosa de poco tiempo.

Haz lo mismo con lo que te propongas.

Posdata: Hay otra razón por la que no cumplimos con lo que nos proponemos, y es que no somos lo suficientemente flexibles, somos más de todo o nada.

Estar totalmente presente

Ayer empecé a releer un libro que me afectó muy positivamente en su momento. Como 7 años atrás, tuve unos meses realmente jodidos en los que no me sentía bien conmigo mismo y tenía demasiados problemas a mi alrededor. Parecía que nada funcionaba y que no valía para nada. Me notaba vacío, como si todo lo que yo fuera hasta entonces no fuera más que un fraude.

Ahora, con todo atrás, a veces recuerdo esa etapa con melancólia. Me gustaba lo que estaba haciendo en esa etapa de mi vida, aunque en ese momento no tenía la motivación. Me gustaba donde vivía, aunque en ese momento no lo apreciaba lo suficiente…

Recuerdo esa parte de mi vida como una etapa dura pero que me ayudó a aprender muchas cosas. Todo era nuevo y suponía un desafío, y ahora no puedo decir que no a eso. Sé lo que mucho que se aprende cuando todo es nuevo y busco vivir más etapas así. Definen lo que somos hoy de alguna manera.

Pues bien, este libro que empecé a releer, me ayudó mucho. Me hizo alejarme de todo eso que pensaba que eran problemas y abrazar lo que actualmente sentía, era y tenía. Nada más que eso. Nada de recordar el pasado, ni nada de preocuparse por el futuro. Me enseñó a estar totalmente presente y a valorar que necesitamos muy poco para ser felices.

Desde entonces, ha pasado de todo en mi vida y siempre he tenido más o menos presente algunas de las cosas que leí en ese libro, sin embargo, todo tiende a difuminarse y olvidarse y volvemos a caer en la misma trampa que entonces, en la rutina del día a día y de la corriente de la sociedad, que nos arrastra a un ritmo frenético.

Ahora estoy en una etapa en la que me siento muy feliz, con lo que hago, con los que tengo a mi alrededor, con mi salud, con todo, pero lo más importante de todo es que teniendo lo que tuviera, debería estar contento por ello. Si eres plenamente consciente y estas presente en lo que importa, en el ahora, es difícil que no tengas mil cosas por las que estar agradecido.

Ayer, leí algunas páginas de ese libro y cuando me he levantado esta mañana, eso ha sido lo primero en lo que he pensado. O mejor dicho, he sentido y luego he pensado. Estaba relajado, en paz y feliz. Estaba presente. Me he sonreído al espejo y he empezado mi día. Y ahora… bueno, ahora estoy escribiendo esto.

La comida no es entretenimiento

Tiempo atrás leí en algún sitio unas palabras que resuenan en mi cabeza desde entonces:

La comida no es entretenimiento

La triste noticia es que pese a que estoy de acuerdo, para mi la comida lo sigue siendo.

Asocio comer con ocio y disfrute, y tengo toda una serie de hábitos que probablemente comparta con mucha más gente, como comer mientras estoy haciendo algo. Comer frente al televisor, por ejemplo.

Parece como si, comer en silencio o con alguien más, sin mirar el móvil un centenar de veces, fuera aburrido. El cine tampoco sería mismo si no fuera por las palomitas que como mientras veo la película.

Y no sólo utilizamos la comida como entretenimiento, si no que la utilizamos también como una experiencia emocional. Como cuando estoy contento, como cuando me estreso y como cuando estoy triste.

Si es cierto, que con el tema de correr, soy mucho más consciente de lo que como de lo que lo era años atrás. No sigo una dieta estricta, pero muchos días sí consigo comer bastante limpio, pero aún así, me enfada tener este dilema con la comida.

Comemos por hábito más que por necesidad, y utilizamos la comida como entretenimiento en lugar de lo que realmente es, combustible.

La comida es sólo combustible. Así de simple.

Y escribo esto porque quiero cambiar radicalmente y dejar que continue siendo una de esas cosas que hago parcialmente bien.

Quiero comer realmente bien y creo que las tres claves esenciales para lograrlo son:

1. Evitar las comidas procesadas. Eso significa cocinarte todas tus comidas con productos naturales e intentar pasar de comidas preparadas.

2. Evitar los azúcares refinados. Muy en sintonia con la primera, evitar la bollería industrial y el azúcar a la hora de preparar tus comidas.

3. Reducir la cantidad de carne y gluten, y comer muchísima más verdura. En mi caso, sigo una dieta prácticamente ovovegetariana desde hace más de un año y también he reducido la cantidad de gluten de todas mis comidas.

El primer y segundo punto me parecen vitales, y el tercero es algo más personal, pero que básicamente se traduce en utilizar la verdura como alimento principal en todos nuestros platos.

El camino para lograrlo es difícil, porque supone romper con muchos hábitos y cambiar radicalmente la forma en la que comemos y que chocará con la de la mayoría de la gente que nos rodea. Supone cocinar de manera diferente y supone decir NO a muchas de las cosas que antes comíamos…

A partir de ahora, antes de comer o beber, recuérdate estas palabras:

La comida no es entretenimiento, es combustible.

Buscando foco

Llevo un par de días anotando en una pequeña libreta lo que hago y cuánto tiempo tardo en hacerlo. Me pareció una grandísima idea para saber dónde se va todo mi tiempo y sobretodo, para ser consciente de ello y mantenerme centrado.

Probablemente como muchos, quizás tú, tengo esa extraña impresión de que estoy en muchos frentes a la vez y que no avanzo todo lo que podría. Cuando acaban los días, siento que he estado corriendo a medio gas y que no he hecho ni la mitad de lo que me gustaría. No me siento satisfecho. La misma sensación que tengo cuando en alguna carrera, no lo doy todo antes de llegar a meta.

Quiero aprovechar más mi tiempo y la mejor forma que se me ocurre para lograrlo es eliminando todas las distracciones posibles. Parte de la rabia que le tengo al móvil viene precisamente por eso, porque me parece una distracción constante.

En mi caso, unna situación normal sería estar escribiendo estas líneas y después de sólo 5 minutos, por alguna razón, recordar algo “que no puede esperar” e ir a consultarlo a Google. O cojer el móvil para saber si vete tu a saber quién ha dicho algo. O revisar el correo. O entrar en Facebook para ver si tengo alguna notificación o… Y esto sin importar si estoy trabajando, viendo la tele, hablando con amigos, comiendo, etc.

No creo que me equivoque si digo que te sientes un poco identificado.

Después de sólo dos días escribiendo las tareas en la libreta, me he dado cuenta de que debo acostumbrarme a escribir los tiempos y recordárme constantemente que debo centrarme cuando hago algo. Lo que viene siendo no procastinar ni un minuto y prestar atención plena a lo que estoy haciendo. Puede que eso signifique prestarte plena atención la próxima vez que hablemos o saborear plenamente mi próxima comida. Foco.

Para hacerlo más fácil, y teniendo en cuenta que la mayoría de mi día y mi trabajo es frente al ordenador, me he puesto a buscar una aplicación que me permita apuntar o contar los minutos que paso haciendo una tarea. De entre todas las que he visto, he encontrado una llamada Toggle. Además, para hacerlo mucho más detallado, he vuelto a instalar una aplicación llamada RescueTime que monotoriza absolutamente todas las aplicaciones o webs que abres en tu PC. Ya la había utilizado antes y cuando me he identificado decía: “You haven’t logged any time in the past 514 days”.

Hace tiempo que no me preocupaba de verdad por mi tiempo. Simplemente vivía. Que ¡ojo!, no es malo, pero hay una gran diferencia entre vivir y hacerlo intensamente.

Puede que teniendo más cuidado de nuestro tiempo, procastinando menos, centrándonos más, podamos aprovecharlo al máximo (hacer más en menos tiempo), pero realmente lo que busco con esto no es eso, sino saborear más todo y sentir que hago todo a medias.

Iré contando qué tal va mi aventura con estas dos aplicaciones que he mencionado.

Persiste para lograr

Hace unas semanas, en un viaje que hice a Malta para visitar a unos amigos, me tatué una palabra en cada pie. La del pie izquierdo era Endurance.

Esa palabra y su significado en Inglés me tiene enamorado desde hace mucho. Dice así:

El hecho o el poder de soportar un proceso o situación desagradable o difícil sin ceder.

Para mi, representa un filosofía de vida, un modelo a seguir, algo a lo que aspirar.

Y francamente, la palabra Persistencia me resulta muy similar. Según la RAE persistir significa “Mantenerse firme o constante en algo”.

Y mantenernos constantes, continuar avanzando tanto en los buenos como en los malos momentos, es lo que todo el mundo necesita para lograr aquello que tanto quiere.

Nada que valga la pena nos llega sin persistir antes. O quizás es al revés y cuánto más nos cuesta algo, más lo valoramos.

En fin, más adelante ya los explicaré con más detalle, pero no quería acabar el día sin escribir los 3 pilares clave para persistir:

  1. Tu motivación – todas aquellas razones que te inspiran a hacer lo que estás haciendo y te motivan a dar un paso más.
  2. Tus rutinas – todos los hábitos que tienes y que te permiten hacer lo que buscas sin tenerlo que pensarlo demasiado.
  3. Tu entorno – todas las cosas y las personas que constituyen el mundo en el que vives. Diseñar un entorno adecuado a lo que quieres lograr es vital.

Para no olvidar

Sobretodo mientras corro, o antes de quedarme dormido, siempre se me ocurren algunas líneas que escribir. Y nunca, nunca, llego a apuntarlas.

Hace unos minutos sin ir más lejos, estaba echando la siesta en el sofá y las líneas que ahora escribo, parecían salir mucho más fluidas que en ese momento. Tendría que haber tomado nota, pero me daba tanta pereza…

Quizás, tomar notas de audio (como he visto hacer a los escritores de verdad en las películas), sea una solución. La otra, tomar más notas cuando toca. Coger el hábito.

De algunos años para atrás, en mi mesa nunca falta una libreta a mano para apuntar lo que sea. Tengo varias de ellas desde hace más de diez años, rellenas hasta la última página y olvidadas en algún cajón.

Por otro lado, también utilizo desde hace tiempo una web y aplicación que se llama Simplenote. Tan sencillo como tomar notas en la nube pero sin tanta historia como Evernote o similares. Puro texto. Simple.

Aún así, pese a mis esfuerzos por no olvidar, muchas veces la circunstancias o la pereza, me pueden y no apunto aquello que me parece tan importante en ese momento. Al igual que tú te habrás dicho miles de veces, “lo recordaré”, pero lo cierto es que siempre se nos olvida.

Leyendo es otra de las situaciones cuando más me pasa esto. Leo algo interesante y al final, nada, no acabo apuntándolo, pero como tampoco me acuerdo de lo que era, no me preocupa demasiado.

A todo esto, supongo que lo de tomar notas es mucho más útil cuando lo cumples, pero sobretodo cuando las revisas poco tiempo después. Si no para qué guardar todo aquello que se nos pasa por la cabeza ¿no?

Pues bien, ya que he hecho el esfuerzo en escribir estas líneas, espero que para la próxima ocasión en la que sea tan optimista para decirme “Lo recordaré”, de verdad coja un trozo de papel o saque el móvil del bolsillo y tome nota para no olvidarlo.

La mejor inversión

No hay mejor inversión que salir ahí fuera y traspasar tu zona de confort. Apretar las tuercas. Dar siempre el máximo.

Intentar absorber todo lo posible cada situación. Vivir la vida y no dejarte llevar por ella.

De verdad, no bromeo, la mejor inversión es invertir más en experiencias y menos en posesiones.

Busca nuevas experiencias únicas que vivir y llévalas a cabo. Busca lugares nuevos a los que ir y explóralos. Ábrete a conocer a la gente que encuentres por el camino y no digas NO a lo nuevo por el qué dirán o por miedo.

Las experiencias dan mucho más de si que ropa nueva en el armario, el último modelo de móvil o un coche más rápido.

Y si aún dudas de si saltar o no, de si salir de tu zona de comfort, lee. Probablemente sea la segunda mejor inversión que puedas hacer.

Vivirás sólo una vida, y puedes elegir hacerlo con cautela, pero al menos leyendo no sólo conocerás la tuya, si no que podrás vivir tantas vidas como libros y autores te atrevas a leer.

3 errores de los propósitos de año nuevo

Con el inicio del año, somos muchos los que nos proponemos grandes metas para los próximos doce meses, pero la realidad es que la mayoría fracasamos ni siquiera antes de empezar.

Los primeros tres meses, de enero a marzo, son con diferencia los meses más importantes del año y los que marcan la diferencia entre lograr o no nuestros propósito de año nuevo. A la vez, son también los meses en los que es más fácil perder la motivación.

¿Por qué cuando pasan sólo unas semanas nos desentendemos de todo? ¿Por qué no cumplimos la mayoría de lo que nos proponemos? ¿Tan difícil es persistir?

La gran diferencia entre los que lo logran y los que no, es que los últimos cometen alguno de estos tres errores:

  1. No utilizar la motivación inicial para crear hábitos que ayuden a conseguir esos objetivos.
  2. Saber que van a conseguir los propósitos antes de empezar.
  3. Equivocarse a la hora de plantear sus objetivos.

Iré por partes.

El 1 de enero, cuando pensamos en aquello que nos gustaría lograr ese año, estamos cargados de inspiración. Después de las vacaciones, las fiestas y con el inicio del año nuevo, lo vemos todo posible y creemos que “este año” sí lo lograremos. Pero cuando llega Marzo, incluso mucho antes, a finales del mismísimo Enero, esa inercia que nos movía y motivaba a luchar por nuestras metas, desaparece porque o no hemos avanzado demasiado, o bien, no hemos hecho absolutamente nada por lograrlo.

El primer error es no pasar a la acción y empezar a crear hábitos, que incluso cuando pierdas la motivación, mientras sigues haciendo lo que haces, sigas avanzando.

Por ejemplo, si lo que quieres es perder peso, muchos salen a correr para lograrlo. Pero en lugar de centrarte en salir a correr porque eso te ayuda a perder peso, olvida lo de perder peso e intenta que correr (algo que te ayudará a perder peso), sea tu gran motivación, el objetivo en sí mismo.

Hay mucho tipos de propósitos, pero supongo que cazas lo que intento decirte. Intenta centrárte en el hábito de hacer algo, en la gratificación de hacerlo, más que en el propósito o resultado final.

El segundo error es, que ya sea producto del alcohol o por el exceso de optimismo de estas fechas, “sabemos” a ciencia cierta que conseguiremos lo que nos proponemos. No hay duda alguna. Y como estamos tan seguros, cometemos el mayor error de todos, NO ACEPTAR que habrá baches en el camino y que habrá momentos en el que nuestra motivación sea baja. Y el no aceptar que habrá dificultades no nos permite prepararnos para superarlas.

Soy optimista por naturaleza, y de verdad, serlo está genial, el problema viene cuando en lugar de creer que tienes altas probabilidades de conseguir algo, lo sabes al 100%, porque o bien, el objetivo no era tan desafiante como parecía o cuando haya problemas te desmotivarás con facilidad.

Un pequeño truco: Cuando te pongas objetivos, márcate tres resultados. El A, el mejor resultado posible, un objetivo muy alto. Aquello con lo que sueñas conseguir. El C, un resultado fácil de conseguir, un objetivo altamente probable. Y entre ellos dos, el B. Algo intermedio, que pese a no ser increíble, suponga un desafío considerable. Hacerlo así, te ayudará a continuar luchando e incluso conseguir el resultado A cuando todo parecía perdido.

Y por último, el tercer error, plantear mal los objetivos del año.

El dilema de la mayoría es que cuando lo hacen, dicen cosas como viajar más, perder peso, hacer más ejercicio, leer más libros, ahorrar, ganar más, etcétera. El error aquí es centrarse en el Qué y no en el Cómo. Son demasiado generales y no te llevan a la acción, que es precisamente lo que te llevará a conseguirlos.

Para acabar, un último truco: Uno de los grandes conflictos durante todo el año será, entre hacer aquello que te has propuesto hacer y todo lo demás. Muchas veces te verás en la obligación de elegir entre lo propuesto y algo más divertido.

En esos momentos, recuérdate porqué haces lo que haces y sobretodo, no olvides que cada paso que no avanzas, retrocedes, cada día y cada pequeña acción cuenta y te acerca a lograr aquello que quieres.

Cuando el mejor momento para hacerlo es ahora

No le des más vueltas. Sabes que tienes que hacerlo y sólo estás retrasándolo más y más. Has empezado a leer estas líneas quizás porque no tenías nada más que hacer, por evitar lo que deberías estar haciendo justo ahora. Y lo peor de todo, ahora que has empezado sientes la imperiosa necesidad de seguir leyendo, como si esto que te estoy contando fuera imprescindible para continuar con tu día.

Deja de leer esto ¡ya! y empieza a hacer. ¡Ahora!

Hay una cita de Picasso que dice que la inspiración existe, pero que debe encontrarte trabajando. Y no puedo darle más la razón. El mejor método para asegurarte de que haces algo es empezando AHORA.

Comienza por el principio. Olvida lo enorme del trabajo y céntrate en dar el primer paso. Para de analizar todas las posibilidades y céntrate en una.

A veces sólo hace falta eso, dar el primer paso. Como dijo el Navy SEAL en esta entrada, completar una pequeña tarea, como hacerte la cama nada más despertarte, puede ser suficiente para arrancar la maquinaria.

Normalmente salgo a correr cada día, y las semanas en las que los kilómetros pesan más de lo habitual, los primeros minutos de carrera cuestan una barbaridad. Sin embargo, a cada paso que doy, todo se hace mucho más fácil.

Me gusta pensar que así es con todo, que después de los primeros pasos, es mucho más sencillo dar los siguientes por difíciles o duros que sean.

Si tienes o quieres hacer algo ahora, ¡hazlo ya! Si tu mente y tu cuerpo siente que necesita hacerlo ahora, no lo retrases más. Cuanto mayor sea el tiempo entre la idea y su ejecución, mayor es la probabilidad de que acabes haciendo cualquier otra cosa.

Empieza el día haciéndote la cama

Al entrar en la habitación de un amigo hace unos días y ver su cama deshecha, le dije: “Te va a gustar el próximo post que publique”.

Siempre me han parecido interesantes los discursos de graduación de las universidades americanas y esa cama deshecha me recordó este discurso que un Navy SEAL pronunció en la Universidad de Texas.

Cada mañana en los entrenamientos básicos de los SEAL, mis instructores, que en aquella época eran todos veteranos de Vietnam, se dejaban caer por los barracones y lo primero que hacían era inspeccionar nuestra cama.

Si lo habías hecho bien, las esquinas eran cuadradas, las sabanas estaban bien tensas, la almohada estaba centrada justo debajo de la cabecera y la manta extra perfectamente doblada a los pies de la cama.

Era una tarea simple, mundana. Pero cada mañana se nos pedía hacer nuestra cama a la perfección. Parecía un poco ridículo en aquel momento, particularmente por el hecho de que eramos aspirantes a ser guerreros reales. Sin embargo, he podido comprobar la sabiduría de este simple hecho en múltiples ocasiones.

Al final del día, esa tarea completada se convierte en un montón de tareas completadas. Y el hacer tu cama refuerza la idea de que las pequeñas cosas de la vida, importan.

Si no puedes hacer la cosas pequeñas bien nunca harás bien las grandes.

Y, si por casualidad tienes un día miserable, volverás a casa a una cama hecha (por ti) y esa cama hecha te dará la esperanza de que mañana todo será mejor.

Si quieres cambiar el mundo, empieza por hacerte tu propia cama.