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Cuando yo muera

Pese a dormirme pasadas las cuatro de la madrugada, a las ocho de esta mañana ya estaba despierto y dando vueltas en la cama. Para cuando he hecho el banal intento de volver a dormir mi mente ya estaba en uno de esos bucles de ideas y reflexiones, de esos en los que debates contigo mismo temas sin importancia. Sin embargo, entre toda esa basura mental ha llegado a mi unas palabras que leí hace unos días y a las que no había prestado la atención que merecían.

Cuando mueras ¿por qué quieres que te recuerden?

E inevitablemente he empezado a reflexionar en ellas. Por un instante, mi mente no ha saltado a otro tema y se ha obligado a tomar un tiempo para intentar resolver la dichosa pregunta.

Detrás de esas simples palabras se encuentra la esencia de tu existencia y si la intentas contestar te verás obligado a condensar tu vida en solo unos pocos caracteres. Todas tus metas materiales, personales y espirituales, todo aquello a lo que aspiras y da sentido a tu vida, acabará formando parte de una sola respuesta.

Si no lo estás haciendo ya, te invito a que te tomes unos minutos –quizás un boli y hoja en blanco– y reflexiones sobre tu particular respuesta. Estoy seguro que cambiará el resto de tu día y con un poco de suerte, el resto de tu vida. Yo he llegado a mi particular respuesta mientras escribía estas líneas.

Cuando yo muera me gustaría que me recordaran por hacer siempre aquello que me apasiona, y aún más difícil, por haber sido capaz de afectar positivamente a muchas personas.

No es una respuesta concreta, pero estoy seguro que teniéndola presente me guiará y ayudará a tomar las decisiones correctas cuando se tercie.

Lo que realmente quieres

Sientes que pasan los meses y aquello que deseas no está ni un metro más cerca, parece no avanzar.

Déjame decirte algo. Quizá, sólo quizá, eso que tanto quieres no es más que eso, un deseo. ¡Despierta! No es lo que realmente quieres.

Yo quiero ser feliz, extremadamente feliz. Quiero a mi familia y amigos cerca. Quiero tener éxito en lo profesional y ganar montones de dinero. Quiero salud y un cuerpo atlético. Quiero enamorarme y tener sexo desenfrenado. ¿Pero quién no quiere todo esto?

Es fácil desear cuando no hacemos partícipe al compromiso.

Cuánta gente dice querer ganar dinero y no es capaz de trabajar 60 horas a la semana. Gente que quiere una relación pero no se arriesga a abrirse a las inseguridades y vaivenes sentimentales. O los que quieren adelgazar, un cuerpo diez o ser más rápidos y no deciden entrenar cada puto día para conseguirlo.

¿Quieres algo significante? ¿Algo que te marque? Entonces sal ahí fuera y abraza el dolor. Debemos amar el proceso y dejar de idealizar el resultado. Si deseamos los beneficios también hay que querer los costes.

Nos vemos a nosotros mismos con oro en las manos y olvidamos que antes vamos a tener que picar muy profundo y tragar mucha tierra. Y te recuerdo que si quieres lograrlo ¡te tiene que encantar estar ahí abajo!

¿Estás seguro de lo que realmente quieres? ¿Estás dispuesto a sentir dolor? ¿Estás dispuesto a sacrificarte? Por que como reza la frase “nada que merezca la pena es fácil”.

Hagas lo que hagas

Hagas lo que hagas, disfruta del camino.

Esperamos sentirnos completos al llegar a la cima de nuestros sueños y una vez ahí nos preguntamos “¿Qué es todo este vacío? ¿Dónde está mi felicidad?” Y es que somos muchos los que cometemos el error de escalar enormes montañas sin prestar atención a nuestro alrededor.

Miramos fijamente hacia arriba y no apreciamos los pequeños detalles del paisaje que nos rodea, así que cuando llegan los problemas estos parecen mucho más duros o más grandes de lo que en realidad son.

En el pasado pequé de eso, pero no esta vez, no cuando decidí entrenar para mi primer maratón. Elegí disfrutar cada día sin esperar demasiado por lo que sentiría si lo conseguía. Después de dejar pasar unos días y con algo más de perspectiva me doy cuenta de que acerté al pensar así.

Ahora, sin ningún reto por el que entrenar, voy a aprovechar para contener mis ganas de correr y dejaré descansar el cuerpo y la mente durante tres o cuatro semanas, de tal forma que cuando finalmente decida volver a andar por nuevos caminos pueda apreciarlos en su totalidad.

Los próximos días van a dar mucho de sí.

Para empezar podré reflexionar sobre qué carreras quiero correr durante la nueva temporada. Aún no he tomado ninguna decisión pero creo voy a fijarme sobretodo en correr carreras de montaña.

Respecto a mi vida personal, ha llegado el momento de hacer limpieza. Dejaré en ella muy poco. Eliminaré todo lo que considero prescindible y espero que lo que realmente me llena tenga más espacio para crecer.

Con mi vida un poco más ordenada y con menos cosas por las que preocuparme o con las que distraerme, me enfocaré en mejorarlas todo lo posible.

En nuestras vidas hay etapas en las que dispersamos tanto nuestra atención que parece que todo lo que hacemos, vivimos y soñamos está estancado o avanza con extremada lentitud.

Creo en la máxima de que para conseguir hechos destacables hay que enfocarse en poco pero plenamente, aún con riesgo de perder cierto equilibrio con otras partes de nuestra vida, pero es que es jodidamente difícil no volcarse y darlo todo cuando algo nos apasiona.

Las medias tintas no valen para los que perseguimos lo extraordinario.

Charles Bukowski no podría haberlo dicho mejor:

Si vas a intentarlo, ve hasta el final. De lo contrario no empieces siquiera.

¡Shhhh! ¡No me cuentes tus metas!

En repentinos ataques de inspiración tendemos a iniciar nuevas aventuras o ideas. O mejor dicho, más que iniciarlas, nuestro primer paso es compartirlas con los demás.

Cuando finalmente encontramos una meta, la norma parece ser explicar la hazaña que vamos a realizar a nuestros amigos, familiares y conocidos, como si de esa forma nos forzáramos a comprometernos aún más con lo que nos habíamos propuesto.

¡Meccc! ¡Error! Precisamente hay que hacer lo contrario.

Ayer, echando un vistazo en el blog de Asier, me topé con un vídeo y unas reflexiones que bien podrían ser la mías y que en el fondo concluyen que la mejor manera de conseguir cualquier objetivo es callárselo y simplemente empezar a trabajar en ello.

¿Por qué? Echa un ojo al vídeo, son sólo 3 minutos.

Cómodo con lo incómodo

Desde tiempo atrás tengo grabadas a fuego unas palabras y siempre que puedo las tengo en cuenta para ponerlas en práctica. Esta frase forma parte de mi manifiesto personal.

La vida empieza dónde acaba tu zona de confort.

Cuando las recuerdo me incentivan a intentar no desperdiciar ni una oportunidad de vivir nuevas experiencias, recorrer diferentes caminos a los habituales o aceptados y proponerme retos que me permitan descubrir nuevos límites. En definitiva, vivir más.

Dos sucesos de ayer me llevan hoy a escribir esto.

El primero fue el final de la una conversación con un amigo acerca de la aparente conformidad de mucha gente con su inamovible rutina diaria; y la segunda, una tormenta que empezaba poco después de llegar a casa. Cuando empezó a llover me pregunté cuándo había sido la última vez que había corrido bajo la lluvia. No por un imprevisto, intentando llegar a casa lo antes posible, sino salir ahí fuera y dejarme impregnar en lugar de protegerme de ella.

Intentamos esquivar todo aquello que es extraño a nosotros, todo aquello que nos resulta incómodo. La zona de confort son creencias y acciones a las que estamos acostumbrados y son fáciles para nosotros repetirlas. Y odiamos salir de ella.

Evolutivamente estamos diseñados para ello, para evitar el peligro de situaciones inciertas para las que no nos sentimos preparados.

Hablar en público, saltar en paracaídas, ducharse con agua fría, presentarte a una chica, dejar tu trabajo, cambiar de profesión, viajar al extranjero, aprender un idioma, aprender una habilidad, hablar con desconocidos, hacer nuevos amigos, probar comidas exóticas, leer otros libros…

¿Pero sabes qué? Los humanos también estamos diseñados para crecer.

Tengo la convicción de que si buscamos el equilibrio en nuestras vidas y permanecemos acomodados por demasiado tiempo, corremos el riesgo de estancarnos. Para progresar, crecer, desarrollarnos, debemos abrazar las situaciones y experiencias nuevas e incomodas en lugar de rechazarlas. Cualquier ocasión, por minúscula que sea, es una buena ocasión para salir de tu zona de confort y vivir más profundamente.

El objetivo es sentirse cómodo con lo incómodo.