
Millones de personas dirán que el poker es un juego, unos miles dirán que es un deporte y unos pocos cientos que es algo más… ¡una forma de vida!, pero lo innegable es que es un juego extremadamente competitivo.
Aún recuerdo la primera vez que jugué a poker, un día de octubre de 2008 sobre las 3 de la madrugada. Acababa de llegar a casa y decidí mirar las reglas incitado por la charla con un conocido. Descargué el software de bwin y me inscribí en algunos torneos gratuitos. Era la primera vez que veía a tanta gente jugando ¡y a esas horas! Compitiendo entre ellos en torneos y mesas de dinero real. -¡Qué locura!- pensé yo. -Esto es competición en estado puro, se puede ganar dinero (o perderlo) y sin salir de casa- añadí.
Desde ese día no he dejado de jugar, porque es obvio que desde que el hombre era hombre nos ha gustado jugar. Parece algo que no podamos evitar, algo arraigado en nuestros génes. Nos gusta establecer unas reglas y aún más definir quienes son los ganadores… ¡y los perdedores! Nos es imposible evitar en mayor o menor medida ser competitivos ya sea individualmente o cooperando con otros, porque vete a tu saber porqué -quizás por lo social del ser humano- nos gusta aún más cuando ganamos en equipo.
Tengo claro que en mayor o menor medida todos somos unos jugones pero ¿qué es lo que provoca que un juego nos atraiga hasta el punto de dedicarles media vida? Me voy a mojar explicando brevemente cuatro factores que creo fundamentales en cualquier juego y obviamente también presentes en el poker.
1) dificultad. Con dificultad me refiero a la complejidad con la que después de conocer las reglas podamos llegar a dominar el juego. Desde siempre los juegos fáciles acaban aburriendo mientras que aquellos que nos suponen un reto personal y nos desafían a mejorar son mucho más adictivos.
2) competitividad. Obvio, lo sé, pero el juego debe tener winners y losers. Todo el mundo “lucha” por la recompensa que proporciona ser ganador.
3) mediciones. En una cultura en la que cada vez más tendemos a medirnos (horas de sueño, dietas, carreras, gastos personales, etc.), cuantificar nuestros resultados y compararlos con el resto de jugadores forma parte del desarrollo de cualquier juego.
4) reconocimiento. Ser bueno en el juego debe ofrecer suficiente reconocimiento y a su vez, este reconocimiento suficiente satisfacción.